A mí no.
Un manifiesto por la dignidad de la vida humana como valor inherente e inalienable. Ante la creencia de que es el derecho quién crea la dignidad.
Llevo tiempo siguiendo el caso de Noelia.Hasta ahora, he procurado hablar de ello solo en persona, en espacios donde pudiese expresarme con el cuidado y la profundidad que requiere.Siempre he intentado hacerlo de manera constructiva.Y, sobre todo, empatizando con todas las personas involucradas:
- con Noelia
- con su familia, a la que mando todo mi afecto
- con aquellos que sufren: bien sea por enfermedad o por padecimiento físico,
- y también con la sociedad en su conjunto.A raíz de todo lo acontecido en los últimos días, he escuchado a un responsable político afirmar en sede parlamentaria que lo ocurrido le parece correcto.A mí no me parece correcto.Y no es una cuestión de opiniones, ni de ideologías, ni siquiera de sensibilidades personales. Es una cuestión mucho más profunda: es una cuestión de cómo entendemos a la persona.Desde el Derecho hay una principio fundamental:
el derecho no crea la dignidad, la reconoce.La dignidad no es algo que se concede, ni algo que se otorga en función de circunstancias, decisiones o estados de salud.La dignidad es intrínseca a toda persona, por el hecho mismo de serlo.Esto supone que toda vida humana merece ser protegida.Esto, que durante mucho tiempo ha parecido evidente, hoy ya no lo es tanto.Los debates actuales muestran con claridad que hay quienes piensan —explícita o implícitamente— que es el derecho quien determina el valor de la vida humana. Que es la ley la que, en última instancia, define cuándo una vida merece ser protegida… y cuándo no.Pues bien, este caso demuestra hasta qué punto hemos perdido ese fundamento.Quiero detenerme aquí, porque entrar en este caso concreto no es sencillo.El caso es extremadamente complejo. Merece todo nuestro respeto, toda nuestra delicadeza y prudencia. Pero esto no conlleva nuestro silencio, y mucho menos cuando no estamos de acuerdo.Precisamente por eso, valorar si lo ocurrido es correcto o incorrecto son palabras mayores.Sin embargo, cuando alguien, con un altavoz público afirma con rotundidad que se ha cumplido con la voluntad de Noelia, que es absolutamente legal y sobretodo, que le parece correcto, ya no estamos solo ante un caso concreto. Estamos ante una afirmación que expresa una forma de entender la dignidad humana.Y ahí, no puedo quedarme de brazos cruzados.No puedo no decir que a mí no me lo parece. Vayamos por partes.La cuestión de la voluntad de Noelia, y la capacidad para tomar tal decisión, se puede someter a examen, parece que los médicos ya lo han hecho, pero tampoco tenemos toda la información. El político se atreve a valorar todo ello, yo no.La premisa de que lo ocurrido haya sido legal, refuerza la opinión del político, y contribuye a que este lo considere "correcto". De esta manera, invierte lo que denuncia este manifiesto. Y por eso este no tiene tintes políticos ni religiosos, simplemente humanistas.Porque cuando aceptamos que el valor de una vida depende de criterios externos —de su utilidad, de su situación, de su voluntad en un momento de sufrimiento— dejamos de reconocer la dignidad y empezamos a administrarla.Y cuando la dignidad se administra, deja de ser dignidad.Por eso, ante lo ocurrido, solo puedo decir una cosa:A mí no.No me parece correcto. No estoy de acuerdo con que sea correcto porque sea "legal", o que este sea uno de los motivos que abandere dicho razonamiento.No estoy de acuerdo porque existen dudas fundadas respecto a que el Estado haya protegido adecuadamente la vida de Noelia durante todo el proceso que ha vivido.No estoy de acuerdo con que la decisión de poner fin a una vida sea correcta por ser legal, o que encuentre su amparo en el derecho cuando es discutible que se haya protegido la vida en su integridad de acuerdo con la dignidad, propia e inherente a toda vida.No se puede amparar la decisión final en la legalidad si el transcurso del sufrimiento de Noelia no se ha ajustado a la protección inherente de la dignidad de la vida.Porque una sociedad que pierde la evidencia de la dignidad de toda vida humana, empieza —aunque no lo perciba— a perderse a sí misma.Noelia ya no está con nosotros, pero yo no dejaré de seguir su historia, de acordarme de ella, y simultáneamente, de todos los que sufren.No daré carpetazo a su historia con una opinión.Por eso, si crees que la dignidad es inherente al ser humano, y que no la crea el derecho, firma este manifiesto.